Ministerio de Capital Humano o Inhumano

Ministerio de Capital Humano o Inhumano

En lugar de socorrer a los más vulnerables, se prioriza la burocracia. ¿Qué tan humano es realmente este Ministerio?

La noticia de que el Gobierno de Javier Milei apelará el fallo que ordena repartir los alimentos almacenados en depósitos de Buenos Aires y Tucumán despierta una profunda reflexión sobre el papel del estado y la humanidad en su accionar. Ante una situación de emergencia alimentaria, el gobierno ha decidido priorizar la burocracia y la política sobre la necesidad urgente de las personas más vulnerables.

Imaginemos a aquellos que dependen de estos alimentos para subsistir: niños que se van a dormir con hambre, madres y padres desesperados por no tener nada que poner en la mesa. En medio de esta angustia, saber que toneladas de alimentos están guardadas, inactivas, es devastador. Este no es solo un tema de eficiencia administrativa, sino de empatía y humanidad.

La apelación del fallo dictado por el juez Sebastián Casanello, quien ordenó la distribución inmediata de estos alimentos, no debería ser vista como una simple acción legal. Es un acto que revela una falta de sensibilidad hacia la crisis que enfrentan miles de familias. Casanello no hizo más que responder a un clamor de justicia social, una voz que surge de la desesperación de quienes sufren el hambre día tras día.

Estamos ante un Ministerio de Capital Humano o Inhumano.

El Ministerio de Capital Humano, liderado por Sandra Pettovello, tiene el nombre más irónico en este contexto. Un ministerio cuyo título sugiere una inversión en el bienestar de las personas debería ser un faro de esperanza y socorro. Sin embargo, la retención y el almacenamiento de alimentos mientras la gente pasa hambre plantea la pregunta de si estamos ante un Ministerio de Capital Humano o Inhumano.

Juan Grabois y los comedores sociales han alzado la voz no por capricho, sino por necesidad. Su denuncia, respaldada por la investigación periodística de El Destape, subraya una verdad incómoda: hay recursos disponibles que no están siendo utilizados en beneficio de quienes más lo necesitan.

La respuesta del vocero presidencial, Manuel Adorni, sugiere que la política pública debe estar por encima de la intervención judicial. Sin embargo, cuando la política pública falla en su deber más básico de cuidar a su gente, ¿quién, si no la Justicia, tiene el deber de intervenir?

Compasión y decencia humana.

Este no es solo un debate sobre la separación de poderes, sino sobre el propósito fundamental del gobierno: servir y proteger a sus ciudadanos. La apelación del gobierno no debería ser una defensa de su autonomía, sino una oportunidad para demostrar su compromiso con la humanidad y la justicia social.

Apelar este fallo es apelar al corazón de una nación que espera, que necesita y que sufre. El verdadero capital de un país son sus ciudadanos, y en este momento crucial, deben ser tratados con la dignidad y el respeto que merecen. Distribuir estos alimentos no es solo una cuestión de deber legal, sino un acto de compasión y decencia humana.

Es hora de que el Ministerio de Capital Humano viva a la altura de su nombre, demostrando que la vida y el bienestar de las personas están por encima de cualquier tecnicismo político. Es momento de actuar con humanidad y urgencia, porque en cada día de demora, hay estómagos vacíos que no entienden de políticas ni de apelaciones, solo de hambre y esperanza.

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